discutiendo con él. Llevaba traje. Le decía que no iba a firmar algo.
Ortega dejó de escribir.
—¿Recuerdas sus palabras?
—Algo sobre propiedades. Y dinero.
El rostro del investigador cambió.
—¿Cómo era ese hombre?
Ethan lo describió.
Unos cincuenta años. Cabello gris. Gafas. Abrigo marrón.
Ortega abrió su carpeta y sacó una fotografía.
—¿Era él?
Ethan la miró.
Su cuerpo se tensó.
—Sí.
Yo miré la fotografía.
—¿Quién es?
Ortega tardó varios segundos en contestar.
—Thomas Bell.
—Nunca he oído ese nombre.
—Era auditor del condado.
La palabra era no