aquello en algo más grande de lo que era.
—Price estuvo aquí esta noche.
—Lo sé.
—¿Y antes de venir aquí siguió a Elena?
—Eso parece indicar la grabación, pero necesitamos establecer qué ocurrió después.
En ese momento apareció otro mensaje del número desconocido.
Esta vez no era una fotografía.
Era una ubicación.
Una carretera secundaria a unos treinta kilómetros del hospital.
Debajo había dos palabras:
“Coche abandonado.”
Ortega llamó inmediatamente a su equipo.
Yo no dije nada.
Veinticinco minutos después llegó la confirmación.
Habían encontrado el coche de Elena.