El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

pequeña carcajada.

—Ahora entiendo por qué Caleb te cae bien.

—No me cae bien —respondió Ortega.

—Perfecto. Entonces vais a llevaros estupendamente.

Colgué antes de que aquello continuara.

En ese instante se abrieron las puertas del quirófano.

Marcus apareció.

Corrí hacia él.

—¿Ethan?

Se quitó la mascarilla.

—Está estable.

Laura comenzó a llorar.

La abracé.

—¿Qué ocurrió?

—Había una hemorragia

que no apareció claramente en las primeras pruebas. La hemos controlado.

—¿Va a sobrevivir?

Marcus me puso una mano en el hombro.

—Ahora mismo, sí. Las próximas veinticuatro horas serán