Mi estómago se cerró.
—Encuentra a Elena.
—Ya tenemos equipos buscándola.
—Voy contigo.
—No.
—Ortega…
—Tu hijo acaba de salir de una segunda operación.
Eso me detuvo.
Miré a través del cristal.
Ethan estaba conectado a varios monitores.
Ortega tenía razón.
Mi lugar estaba allí.
Me senté junto a mi hijo y esperé.
Pasaron tres horas.
Después cuatro.
Hasta que, a las 14:37, Ortega apareció corriendo por el pasillo.
—La encontramos.
Me puse de pie.
—¿Viva?
Asintió.
Sentí que las piernas casi me fallaban.
—¿Dónde?
—En una vieja estación