El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

voluntariamente en una oficina de la fiscalía acompañado de un abogado.

Ortega vino inmediatamente al hospital.

—Quiere cooperar.

—¿Por qué?

—Dice que teme por su vida.

—¿Y Elena?

—Niega haberla secuestrado.

—La siguió.

—Lo admite. Dice que recibió órdenes de recuperar su teléfono, pero asegura que la perdió en la carretera.

—¿Y la camioneta blanca?

—Afirma no saber nada.

—¿Le crees?

Ortega negó.

—Mi opinión no importa. Necesitamos comprobar su versión.

Eso era lo correcto.

—¿Qué está dispuesto a contar?

Ortega abrió su libreta.

—Según Price, el sheriff lleva años