El multimillonario abrió su armario kara y encontró a la hija de una empleada… la niña llevaba tres horas esperándolo por una razónkara

llave.

—Dentro del compartimento que abre eso.

Silencio.

—Pero no tenías la llave.

—No.

—Pensaba que ella la había escondido aquí

—Busqué?

—Durante años?

—No registraba tu habitación.

Pausa.

—Trabajaba aquí porque era el único lugar donde podía estar cerca del archivo sin levantar sospechas.

Sebastian sintió una oleada de indignación.

—Entonces sí viniste infiltrada.

—Vine buscando una carta que

tu madre me dijo que algún día debía encontrar.

—Es diferente?

—Sí.

—Mucho.

—Desde tu perspectiva.

—Desde la mía también.

Ella no retrocedió.

Eso empezaba a resultarle irritantemente familiar.

—Y