Al vaciar el dormitorio encontraron el viejo baúl donde Mia había estado sentada.
Sebastian pasó una mano sobre el cuero.
—¿Lo quieres?
Natalie negó.
—Tú.
—Por qué?
—Porque ahí empezó
todo.
Sebastian sonrió.
—Técnicamente empezó con papá tomando decisiones horribles.
—No arruines una frase sentimental con precisión histórica.
—Aprendí de ti.
Guardó el baúl.
A los setenta, Sebastian seguía teniéndolo.
Mia, ya adulta, llegó un día con su propio hijo.
El niño desapareció durante quince minutos.
Todos entraron en pánico.
Lo encontraron dentro del mismo baúl.
No cerrado.
Jugando.
Sebastian