El multimillonario abrió su armario kara y encontró a la hija de una empleada… la niña llevaba tres horas esperándolo por una razónkara

culpa tuya.

—Absolutamente no.

Mia se rio también.

Y esa fue quizá la verdadera herencia que Katherine habría querido.

No acciones.

Ni una casa.

Ni un apellido.

Una familia capaz de conocer toda la verdad…

y seguir teniendo razones para reír dentro de la misma habitación.