El eco del expediente roto

del menor no coincide con el suyo, señor Alcázar —sentenció el doctor Santiago con absoluta neutralidad—. El niño no es su hijo biológico.

El pasillo pareció quedar en un vacío de aire. Rodrigo giró la cabeza hacia Vanessa tan rápido que sus vértebras tronaron. Ella tenía los ojos cerrados y las lágrimas corrían libremente por sus mejillas, incapaz de articular una sola palabra de disculpa o negación.

La mentira era monumental. Para asegurar su posición al lado de Rodrigo y garantizar la herencia de las acciones de la empresa, Vanessa