abajo como un castillo de naipes al aire libre.
Vanessa intentó acercarse a él para explicarle, para rogarle que la escuchara, pero Rodrigo la apartó con un gesto de repugnancia absoluta. La complicidad que los unió para destruir a Elisa se había convertido en un veneno que los consumía a ambos.
Elisa caminó lentamente hacia Rodrigo y se detuvo a medio metro de él. Lo miró desde arriba, no con odio ni con deseo de venganza, sino con una profunda e indescriptible compasión por la bajeza a la que había