El eco del expediente roto

acompañaron a Elisa hacia las puertas automáticas de la salida principal. Detrás de ellos, los gritos de reproche entre Rodrigo y Vanessa resonaban en las paredes de cristal, captando la atención de todos los presentes.

Al cruzar la puerta del hospital, el aire fresco de la tarde golpeó el rostro de Elisa. Contempló el cielo despejado de la ciudad y respiró hondo, sintiendo por primera vez en años que sus pulmones se llenaban por completo sin dolor ni opresión.

Caminó hacia la calle con paso firme y seguro, dejando atrás