El eco del expediente roto

llanto del recién nacido rompió el silencio, mezclándose con el goteo constante de la leche sobre el linóleo del suelo.

Rodrigo desdobló la primera página con dedos temblorosos, forzando una sonrisa de desdén que no lograba ocultar su repentina incomodidad. Él esperaba ver una orden de restricción o alguna demanda civil insignificante. No estaba preparado para encontrarse con su propia firma en un documento oficial emitido seis años atrás por una clínica no autorizada.

El doctor Santiago Rojas dio un paso al frente, con una postura firme y la voz