impecable. Explicó que el informe médico presentado durante el juicio de divorcio había sido completamente alterado mediante un esquema de falsificación documental. Elisa jamás había sufrido de esterilidad irreversible, como les hicieron creer durante años de agonía.
En lugar de ello, las dosis de tratamiento hormonal que Vanessa le administraba en su propia casa contenían potentes inhibidores químicos. Esos fármacos provocaban síntomas idénticos a los de una falla ovárica prematura, diseñados minuciosamente para desgastar su salud mental y física hasta quebrarla por completo.
El dolor de aquellos años de culpa