la terraza, planeando el futuro de la fundación, mientras Vanessa ya coordinaba con Rodrigo la desposesión sistemática de su vida.
La notaria procedió a leer el segundo folio adjunto en la carpeta. La firma de Vanessa aparecía en tres transferencias bancarias directas realizadas a la cuenta personal del médico que alteró los primeros diagnósticos. El rastro del dinero era claro, inconfundible y legalmente demoledor para su defensa.
La arrogancia de Rodrigo comenzó a desvanecerse para dar paso al pánico primario. Miró a Vanessa buscando una explicación o una negación tajante,