No tienes que pronunciar un discurso ni comprarle un caballo. Solo necesitas estar ahí cuando levante la mirada y busque a alguien entre la multitud. —¿Y después? —Después puedes volver a tu vida y yo me encargaré de explicarle las cosas cuando sea mayor. Dominic apoyó los codos sobre la mesa. —No me gusta mentirles a los niños. —A mí tampoco.
Pero a veces los adultos crean situaciones tan injustas que un niño termina creyendo que la culpa es suya. No te estoy pidiendo que le prometas una vida perfecta.