enteró de algo que le heló la sangre: el hijo de Lidia había muerto años atrás. ¿Para quién era, entonces, toda esa carne?
Un comportamiento cada vez más extraño
Carnede res
Al día siguiente, la anciana regresó y volvió a pedir sesenta kilos. Y al otro. Y al otro. Evitaba conversaciones, rechazaba cualquier ayuda y miraba por encima del hombro antes de salir de la tienda, como si temiera ser seguida. Ovidiu decidió averiguar qué estaba pasando y una mañana la siguió a distancia.
Lidia cargó los paquetes en un