El dueño millonario entró vestido como un cliente humilde a su propia relojería…

como una persona —continuó ella—.

la lluvia.

 

Se quedó en la entrada, sin invadir.

 

—Hola, Lucía.

 

Ella lo miró largo rato.

 

—Hola, Mateo.

 

Él levantó la maceta con cuidado.

 

—No vine a comprar perdón. Vine a preguntarte si esta planta necesita sol directo o sombra. Me dijeron que aquí atienden bien hasta a los que no saben nada.

 

Lucía intentó no sonreír, pero no pudo evitarlo.

 

—Depende. Si la cuidas con paciencia, florece mucho. Si la quieres controlar demasiado, se seca.