El dueño millonario entró vestido como un cliente humilde a su propia relojería…

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—¿Mi verdad o tu poder? —dijo ella, con la voz rota—. Me viste arrastrarme en la calle buscando una cartera que nunca estuvo perdida. Me dejaste contarte mi vida en la casa hogar mientras tú escondías que eras mi jefe. ¿Y ahora vienes a premiarme frente a todos como si yo fuera un personaje de tu buena acción del mes?

 

 

—Lucía, yo quería protegerte.

 

—No necesito que me protejas mintiéndome.

 

La tienda entera escuchaba.

 

—Tú no me viste