El dueño millonario entró vestido como un cliente humilde a su propia relojería…

papá no murió —susurró—. Ojalá hubiera sido así. Apostaba, bebía y golpeaba las paredes para que mi mamá llorara en silencio. Cuando entré a la universidad, tuve que dejarla para trabajar. Mi mamá murió debiendo al hospital. Desde entonces aprenderé que nadie viene a salvarte.

 

 

Mateo quiso tomarle la mano, pero no se atrevió.

 

Lucía se limpió una lágrima rápido, como si le diera coraje haberla dejado salir.

 

—Pero

ya pasó. Aquí seguimos, ¿no?

 

Luego corrió con las niñas para enseñarles a hacer flores de