empezó a llorar.
—Señor Herrera, yo no sabía que era usted.
—Ese es el problema —respondió Mateo—.v
No tenía que ser yo para merecer respeto.
Luego se giró hacia Lucía.
—Lucía Ramírez será ascendida a consultora senior desde hoy. Su sueldo se triplica. Y tendrá mi respaldo directo.
Esperaba verla feliz. Esperaba alivio, gratitud, quizás una sonrisa.
Pero Lucía estaba pálida.
— ¿Todo fue una prueba? —preguntó.
Mateo perdió la sonrisa.
—No exactamente. Yo quería conocer la verdad.
Vea