mi amor, no seas tan sensible, solo te
están enseñando modales”. —Llevaba tres años pensando que yo era la que estaba mal —susurré, sintiendo un nudo en la garganta. Mateo me miró fijamente. No me dio
consejos baratos. Solo dijo: —A veces confías tanto en alguien, que se convierte en una debilidad no revisar si te están destruyendo por dentro. Yo también confié una vez,
y me costó la mitad de mi vida. Hubo una conexión extraña en ese momento. Una paz que no había sentido en años. Pero esa