control de la residencia.
Al principio fueron comentarios hirientes: que Rosa doblaba mal las toallas, que pronunciaba mal los nombres de los platillos, que una mujer “de su origen” debía agradecer tener trabajo en una casa así. Después comenzaron las acusaciones. Unos aretes aparecieron en la bolsa de viaje de Valeria después de que ella jurara que Rosa los había robado. Una copa rota se convirtió en motivo para humillarla frente a invitados. Cada incidente parecía construir una historia conveniente: la empleada pobre, el hijo enfermo, la tentación de las