amistades de sociedad. Cuando la señora murió dormida dos años atrás, Rosa fue quien la encontró y quien ayudó a Alejandro a guardar sus cosas cuando él no podía ni abrir una caja sin quebrarse.
—Gracias por acompañarla cuando yo no estuve —le dijo Alejandro entonces.
Poco después, él se marchó al extranjero para dirigir una expansión empresarial que supuestamente duraría catorce meses. Desde fuera llamaba de vez en cuando, preguntaba por la casa y siempre recordaba preguntar por Emiliano. Pero mientras él estaba lejos, Valeria, su prometida, tomó el