que daba más miedo que sus gritos.
—Todos creerán que la vendiste para pagar las medicinas de tu hijo.
Rosa sintió que el piso se hundía. No era una acusación improvisada. Valeria llevaba semanas preparando la trampa.
Entonces abrió el cajón donde Rosa guardaba su bolso, sacó un sobre y dejó caer sobre la mesa un comprobante de empeño con el nombre de Rosa Martínez.
Rosa nunca había visto ese documento.
Valeria sonrió y llamó a seguridad.
Nadie podía imaginar lo que estaba a punto de ocurrir…
PARTE 2
Rosa