intentó tomar el comprobante, pero Valeria lo retiró antes de que pudiera leerlo completo.
—No lo toques. Ya hay suficiente evidencia con tus huellas por toda la casa.
El guardia de la entrada apareció en la puerta de la cocina, incómodo. Conocía a Rosa desde hacía años y sabía que doña Elena confiaba en ella, pero Valeria era la futura dueña de la residencia y hablaba con la seguridad de quien esperaba obediencia.
—Revise su bolso —ordenó.
Dentro encontraron una pequeña llave del despacho que Rosa jamás había usado. Valeria