asintió con seriedad, dio un paso adelante y me extendió el juguete:
—Elli quiere un abrazo.
Tomé el peluche con cuidado y, de pronto, Bella dio un paso más y apoyó su frente contra mi hombro, rodeándome el cuello con sus pequeños brazos. En ese instante desaparecieron las juntas de accionistas, las apariencias sociales y las expectativas ajenas: solo existía el aroma a jabón infantil y el latido sereno de mi hija contra mi pecho.
Alcé la mirada hacia Naomi. Lloraba en silencio con las manos sobre el rostro, pero