Renuncié a una fortuna por la hija que mi padre intentó ocultarme: el secreto detrás de mi boda cancelada

el peluche con cuidado y, de pronto, Bella dio un paso más y apoyó su frente contra mi hombro, rodeándome el cuello con sus pequeños brazos. En ese instante desaparecieron las juntas de accionistas, las apariencias sociales y las expectativas ajenas: solo existía el aroma a jabón infantil y el latido sereno de mi hija contra mi pecho.

Alcé la mirada hacia Naomi. Lloraba en silencio con las manos sobre el rostro, pero en sus ojos ya no habitaba el miedo constante que la acompañó durante años.

—No te pido