El regreso anticipado: la trampa contra mi esposo que intentó despojar a mi padre

por los brazos, lo obligaron a ponerse contra la pared y le colocaron las esposas de acero con un chasquido seco. El hombre que se creía intocable comenzó a llorar a mares:

—¡Ana, por favor! ¡Retira los cargos! ¡Lo hice porque tenía deudas de juego, me iban a matar! ¡Pensé que tu padre te lo perdonaría todo! ¡Diles que fue un malentendido familiar!

—No hay ningún malentendido, Marko —le respondí mirándolo fijamente a los ojos sin una sola pizca de compasión—. Mi padre te abrió las puertas de su casa,