Dos días antes de casarse, encontró a su empleada esposada… pero el gesto de su hija lo cambió todo

el rostro hinchado de tanto llorar.

Marisol lo vio acercarse y bajó la mirada.

—Señor Arturo…

Él se detuvo frente a ella.

Durante unos segundos no pudo decir nada.

Después tomó sus manos.

—Perdóname.

Marisol comenzó a llorar.

—Yo no quería problemas.

—Lo sé.

—Solo fui por Sofía.

—Lo sé.

—Cuando vi dónde estaba…

Su voz se quebró.

—Pensé en mi hijo. Pensé que si Mateo estuviera solo en algún lugar, yo querría que alguien fuera por él.

Arturo cerró los ojos.

—Tú hiciste por mi hija lo que yo