en una preocupación constante para ella.
Marisol intentó protestar.
Como siempre.
—No quiero que sienta que me debe algo —dijo Arturo—. Porque soy yo quien está en deuda contigo.
Ella negó con la cabeza.
—Sofía me quiere.
—Y tú la quieres a ella.
—Sí.
—Entonces dejemos de llamarlo deuda.
Meses después, una tarde, Arturo entró en la sala y encontró a Sofía haciendo una tarea escolar.
Tenía que dibujar a su familia.
Había cuatro figuras.
Un hombre.
Una niña.
Una mujer de cabello oscuro.
Y un niño.
Arturo señaló el