Arturo no respondió.
—Y para empeorar las cosas, ahora me dicen que algunos arreglos de la boda podrían llegar tarde.
Arturo la miró.
Dentro de cuarenta y ocho horas iban a casarse.
Habían reservado un salón enorme, contratado música, flores, comida y preparado una celebración para casi doscientas personas.
Valeria llevaba meses hablando de aquella boda.
Pero su futura hijastra acababa de regresar en estado de shock después de un supuesto intento de secuestro.
Y ella estaba preocupada por los arreglos.
—¿Dónde encontraron exactamente a Sofía? —preguntó Arturo.
Valeria levantó