insultos.
Solo una comprensión definitiva.
Para Daniel, mi amor nunca había sido un regalo.
Había sido una debilidad que podía explotar.
—Tienes que irte —dije.
—Emily…
—Cualquier propuesta se la envías a mi abogada. Y no vuelvas a presentarte aquí sin avisar.
Me alejé.
Esta vez él no intentó seguirme.
Capítulo 13. Un final que no necesitaba venganza
El divorcio tardó varios meses.
Hubo negociaciones, documentos, discusiones sobre bienes y cuentas compartidas.
No fue tan rápido ni tan sencillo como esas historias en las que una mujer firma un papel