y al día siguiente despierta convertida en millonaria.
Tuve días difíciles.
Días en los que me despertaba de madrugada recordando una conversación antigua y descubría una mentira que antes no había visto.
Días en los que pensaba en la muchacha de diecinueve años que conoció a Daniel en la universidad.
Aquella que se enamoró de un estudiante amable que le llevaba café durante los exámenes.
Me dolía aceptar que algunos de nuestros recuerdos habían sido genuinos.
Porque eso significaba que no había vivido una mentira de principio a fin.
Había