Mi mejor amiga me envió “por accidente” una foto abrazando a mi esposo. En lugar de reclamarles, la publiqué para felicitarlos… y a la mañana siguiente tenía 180 llamadas perdidas.

No copie más información de la empresa ni toque los sistemas.

—Entendido.

—Y Emily…

—¿Sí?

—No les diga cuánto sabe.

Sonreí.

—Eso ya lo tenía pensado.

Colgué y miré la hora.

8:12.

Mi reunión empezaba a las diez.

Me preparé un café, desayuné dos tostadas y salí del apartamento.

Mientras esperaba el ascensor, recibí otro mensaje de Daniel.

“Te doy una última oportunidad. Borra la publicación y ven a casa. Podemos arreglar esto sin perjudicarte”.

Lo leí dos veces.

Después respondí:

“Nos vemos en la oficina”.

Su contestación llegó