a la chaqueta roja.
Ya no era una armadura para enfrentar a mis enemigos.
Era simplemente ropa que me gustaba.
Apagué la luz.
Me acomodé bajo las sábanas.
Y dormí con la misma tranquilidad que aquella primera noche.
Solo que ahora había una diferencia.
La primera vez dormí tranquila porque había decidido dejar de soportar sus mentiras.
Esta vez dormí tranquila porque ya no necesitaba pensar en ellos.