al hombre con quien me había casado.
Daniel había creído que podía quitarme mi carrera, mi dinero y mi reputación.
Los dos estaban convencidos de que, sin ellos, yo no tendría nada.
Se equivocaron.
Había perdido un matrimonio y una amistad que alguna vez fueron importantes.
Pero había conservado mi dignidad, mis capacidades y a las personas que me querían de verdad.
Y, sobre todo, había recuperado algo que llevaba años abandonando:
A mí misma.
Aquella noche, antes de acostarme, saqué del armario el traje negro.
Lo colgué cuidadosamente junto