Seis horas inmóvil sobre el piso helado del baño Mientras mis hijos me mandaban mensajes explicando por qué no podían venir de inmediato, yo tenía la cadera rota, los labios secos y la mano estirada hacia una puerta que nadie abría.

Parte 2:
No abrí los ojos de golpe. Me quedé quieta, fingiendo que seguía dormida, mientras mis hijos hablaban de mi casa como si yo ya fuera un trámite. La cortina blanca se movía un poco con el aire del pasillo. Del otro lado, Teresa decía que una residencia “no era tan mala idea”, Óscar calculaba cuánto podrían sacar por vender rápido e Iván preguntaba si la firma de incapacidad tardaba mucho. Yo tenía una fractura en la cadera, pero lo que se me quebró en ese momento fue otra