junta.

—Dijiste que la moverías.

—Dije que lo intentaría.

Su sonrisa desapareció de a poco.

—La doctora dijo que debemos vigilar la placenta con cuidado.

Suspiré.

Ese suspiro.

Si pudiera arrancar un sonido de mi pasado y enterrarlo para siempre, sería ese.

—Meline, tenemos a los mejores médicos de Nueva York. Ellos se encargarán.

Sus ojos brillaron.

—No te estoy pidiendo que arregles nada. Te estoy pidiendo que estés ahí.

No lo entendí.

O peor.

Lo entendí y decidí que no importaba tanto como lo demás.

Antes de que pudiera