Yo apenas levanté la vista del teléfono.

—Qué bien.

—¿Quieres sentirlo?

—En un minuto.

Ella esperó.

Yo seguí leyendo un correo sobre la financiación de una nueva plataforma hospitalaria.

No era urgente.

Nada en ese correo era urgente.

Pero lo traté como si lo fuera porque era más fácil mirar números que mirar a una mujer que necesitaba de mí algo que no podía delegar.

—Damen —dijo ella—, nuestra cita es mañana a las nueve. La doctora Harper necesita revisar la ecografía y los resultados. Prometiste venir.

—Tengo reunión de