una emergencia.
—¿Y yo?
Recuerdo ese momento con una claridad que me castiga.
Recuerdo la luz sobre su vestido.
Recuerdo su mano en el vientre.
Recuerdo que el bebé se movió justo entonces, como si también esperara mi respuesta.
Recuerdo haber visto miedo en los ojos de mi esposa.
No enojo.
Miedo.
Y aun así tomé mi abrigo.
—Bernard estará pendiente —dije.
—Damen, por favor.
No cerré la puerta con fuerza.
Eso sería más fácil de odiar.
La cerré con calma.
Como si salir de la casa fuera una decisión