tanto a un hombre que ya se había ido.”
Rosa.
La imagen de Rosa apareció en mi mente.
Sesenta años.
Manos fuertes.
Ojos severos.
La mujer que preparaba sopa para Meline cuando las náuseas eran peores.
La mujer a la que yo apenas saludaba por las mañanas.
Seguí leyendo.
“Rosa llamó.
No Bernard.
Rosa subió conmigo a la ambulancia.
No Bernard.
Rosa sostuvo mi mano cuando pregunté por ti.
No Bernard.
Y cuando el médico dijo que había que hacer una cesárea de emergencia, no estabas tú.
Estaba Rosa.”
La