una frase médica.
Como una sentencia.
—¿Sufrió? —pregunté.
La doctora me miró durante unos segundos.
Quizá evaluó si merecía respuesta.
—No lo sabemos con certeza. Fue muy rápido.
Me agarré al respaldo de la silla.
—¿Meline lo vio?
—Sí.
Cerré los ojos.
—¿Lo sostuvo?
—Sí.
El aire me salió como si alguien me hubiera golpeado.
—¿Preguntó por mí?
La doctora no respondió de inmediato.
Eso fue respuesta suficiente.
—Muchas veces —dijo al fin.
Muchas veces.
No una.
No dos.
Muchas.
—La última vez —añadió—, dejó de preguntar después de que