No vuelvas a decir que perdiste a tu hijo como si él se hubiera extraviado. Tú faltaste. Él murió. Son cosas distintas.

No había crueldad en su voz.

Solo precisión.

Y la precisión dolía más que cualquier grito.

Asentí.

—Sí.

Salí del estudio con la llave en la mano.

Al llegar abajo, no subí a ningún coche.

Caminé bajo la lluvia.

Por primera vez en años, nadie me abría paso.

Nadie me llamaba señor Vance.

Nadie sabía que era rico.

Nadie sabía que era poderoso.

Solo era un hombre mojado