era lo mismo.
Nunca entendí por qué.
Ahora lo tenía en la mano.
Y por fin entendía algo demasiado tarde.
Algunas cosas no valen por lo que cuestan.
Valen por quién esperó mientras las hacía.
El gorrito cabía en mi palma.
Mi hijo había cabido en ese gorrito.
Mi hijo había nacido.
Mi hijo había muerto.
Y yo no había estado allí.
Me senté sin darme cuenta.
O quizá caí.
La silla chirrió contra el piso.
El sonido me pareció obsceno en aquella habitación tan limpia.
Entonces recordé la última