contra la cadera, como si necesitara sostener algo mientras él leía.
—Me llegó unas semanas después de que nacieras.
Gabriel dio un paso más cerca, pero no intentó quitarle el documento.
Adrián desplegó la hoja.
La letra era firme, inclinada hacia la derecha.
Gabriel la reconoció antes de leer una sola palabra.
Era la letra de Mercedes.
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Su madre.
Adrián comenzó a leer en silencio.
La carta no decía que Gabriel hubiera muerto.
Tampoco decía que estuviera desaparecido.
Decía algo peor porque convertía el abandono en una decisión consciente.