años.
Adrian finalmente me soltó.
—Te compraré otro vestido.
Me puse de pie.
—No hace falta.
—Lia…
Me quité el anillo de compromiso.
Lo puse en su mano.
—No habrá boda.
Su rostro se puso rojo.
—No hablas en serio.
Tomé la mano de mamá.
—Vámonos.
Mientras caminábamos hacia la puerta, escuché a Kiara reír.
—Déjala, Adrian. Va a volver. Solo es la hija de una costurera. No puede darse el lujo de perder la oportunidad de convertirse en Villareal.
Me detuve.
Giré lentamente.
Pero fue mamá quien habló.
Su