corto.
Cuando se miró al espejo lloró.
Yo también.
—Parezco otra persona.
—Sigues siendo tú.
—Fácil decirlo cuando no te dejaron casi calva.
—Eso también es cierto.
Se rio entre lágrimas.
Meses después comenzó a crecer de manera uniforme.
Un año después llegaba por debajo de sus orejas.
Dos años después rozaba sus hombros.
Nunca volvió exactamente a como era antes.
Pero mamá dejó de medir la recuperación únicamente en centímetros.
El vestido de novia tampoco se perdió completamente.
Lo lavamos profesionalmente.
Las manchas más graves salieron.
Algunas quedaron.
Mamá