quiso guardarlo.
—¿Para qué?
—Porque trabajé demasiado para tirarlo.
—No pienso usarlo.
—No dije que tuvieras que hacerlo.
Años después, cuando Elena cumplió tres, mamá utilizó parte de la tela sobrante del vestido para hacerle un pequeño vestido blanco para una fotografía familiar.
No cortó mi vestido original.
Había guardado retazos del mismo encaje y tela.
Cuando vi a mi hija correr por el jardín con aquella tela que mamá había cosido durante mi embarazo, entendí que algunas cosas podían adquirir un significado nuevo sin fingir que el anterior nunca