entre mi dignidad y la comodidad de los Villareal, alguien esperaría que yo sacrificara la primera.
Mi embarazo no cambió esa verdad.
Mi carrera tampoco.
El dinero de su familia tampoco.
Y por eso, cuando años después alguien me preguntó si alguna vez lamenté haber cancelado una boda una hora antes de empezar, mi respuesta siempre fue la misma.
Lamenté que mamá fuera humillada.
Lamenté haber reaccionado cortándole el cabello a Kiara en vez de salir de la habitación inmediatamente.
Lamenté que mi hija comenzara su existencia en medio de