hermano exitoso y de vergüenza por depender de sus padres, aceptó.
Luego aceptó cambiar habitaciones.
Aceptó guardar las tarjetas.
Aceptó decir a los vecinos que Manuel estaba despistado.
Aceptó firmar papeles.
Cada paso parecía pequeño.
Hasta que un día sus padres ya necesitaban permiso para usar su propio comedor.
—¿Robaste dinero? —preguntó Nicolás.
Javier tardó en responder.
—Sí.
La palabra quedó suspendida en el taller.
—Parte fue para mis deudas. Después Nuria empezó a transferir más. Decía que era para protegernos.
—¿Y tú qué protegías?
Javier no tuvo respuesta.
Nicolás